Su condición de portero
titular del Barcelona tiene fecha de caducidad. No se prolongará más
allá de la fecha en la que Victor Valdés supere su lesión y regrese a
los terrenos de juego allá por el mes de enero. Pero mientras tanto,
como si de un premio al trabajo y a la constancia se tratara, la
portería blaugrana pertenece a José Manuel Pinto (El Puerto de Santa
María, Cádiz, 1975). Un guardameta cuya figura traspasa los límites del
fútbol.
Su personalidad, alegre y capaz de cautivar al grueso del
vestuario culé, asoma en perfecta armonía con la música, donde el
gaditano encuentra su particular válvula de escape. Y lo hace desde un
tiempo que pertenece ya al frío pasado, pero que continúa muy presente
en el día a día de Pinto. Sus antiguos compañeros de vestuario en el
Celta fueron testigos de sus primeros pasos en el mundo del hip hop. Ha
pasado más de una década desde entonces, pero su pasión por la música
continúa vigente.
De hecho, toca la guitarra eléctrica y la clásica en
sus ratos libres, escapando así del estrés que conlleva pertenecer a un
club donde la exigencia y la repercusión de cada acto es máxima. Te
mantiene la mente distraída, porque si en algo cansa la alta competición
es a nivel mental, manifestaba el propio Pinto tiempo atrás, aunque su
estrecha relación con el mundo del hip hop no sea un asunto del que le
guste demasiado hablar.
Y es que a pesar de llevar un lustro a la sombra de Víctor
Valdés, el gaditano intenta que nadie olvide que es portero del
Barcelona, donde ya ha logrado 16 títulos después de llegar al club en
calidad de cedido en 2008. El Barça optó entonces por recurrir a sus
servicios para tapar durante seis meses la lesión de larga duración de
Jorquera, pero la profesionalidad y el talante del gaditano convencieron
en la planta noble del club, donde no dudaron en ejercer la opción de
compra para ampliar la estancia de Pinto en Barcelona.
El pisha,
como le conocen en el vestuario blaugrana, es un tipo tan peculiar como
querido y respetado en la caseta. Su estrecha relación con Leo Messi ha
hecho de él un hombre con peso en la plantilla más allá de los partidos
disputados y de su huella en el campo. Totalmente involucrado en la
causa y consciente de su rol en el Barça, Pinto ha ido quemando etapas
en la Ciudad Condal para alcanzar los 38 años de edad abrazado a un
reconfortante reconocimiento de puertas hacia adentro. Además de ser un
guardameta válido y cumplidor en los partidos que tiene la oportunidad
de disputar, hace gala de un carácter conciliador y sumamente integrador
en el vestuario, según señalan desde Barcelona.
Fuente: www.deia.com

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